divendres, 14 de juny de 2013

MARMOTA EXTREM

Marmota Extrem
Ruta en BTT, a veces a pie, por el impresionante Sobrarbe aragonés 
Sábado 8 de junio de 2013
Lago de Urdiceto (intento) 
Después de una larga espera a que amainase la intensa lluvia con la que hemos amanecido, iniciamos la ruta bajando del Caserón Baruca hasta Bielsa, y seguimos por la carretera hasta cruzar el río Barrosa por el puente de la central eléctrica del mismo nombre. La pista es de pendiente constante, pedregosa y húmeda. Pocos minutos después comienza a lloviznar de nuevo, y ya no parará en todo el día. Las nubes están muy activas, siempre ocultando el cielo, pero subiendo y bajando por las laderas de las cimas que guían nuestro camino, como niños por un tobogán.
Seguimos subiendo por el barranco de Urdiceto, y aparte de la lluvia, sólo las vacas de la zona de las Bordas de Puyales nos acompañan.
En una curva un pequeño becerro tumbado en el suelo, se levanta con dificultad asustado por nuestra presencia.
La pista comienza a empinarse, y las piedras del terreno aumentan su tamaño. Suena constantemente el metal de nuestras ruedas golpeado por las rocas desplazadas en nuestro duro avance. A nuestra izquierda, a escasos metros en la ladera rocosa, la primera marmota corre dando saltos hasta ocultarse. Hace pocos días que despertó de su hibernación, y probablemente seamos los primeros que la molestan esta temporada. Continuamos la subida, y por encima de nuestras cabezas divisamos ya el enorme edificio de la Central de Urdiceto, aunque no nos da la bienvenida precisamente. Una serie de sucesivas paellas, cuya inclinación es bien visible, lo protegen.
Antes de llegar a ella, en la zona de Las Baranetas, la pista se ha roto.
Una avalancha de nieve, rocas y abetos la debió destrozar hace unos días. El riachuelo que baja por la ladera izquierda circula por debajo del enorme conglomerado helado que ha dejado el deslizamiento en lo que antes era el camino. Algunos de nosotros optamos por atravesar por el agua, saltando entre las rocas. Otros deciden pasar por encima del hielo. Parece firme, y tiene un grosor considerable. El primero pasa sin problemas, incluso se detiene sobre el bloque de nieve para ser inmortalizado en una foto. Cuando el segundo pasaba sobre la zona más delgada, el hielo se hundió. Todo quedó en un pequeño susto, y seguimos el camino.
Es muy bonita la vista del lago formado por la presa de la central eléctrica, pero la pista a partir de aquí se enfila aún más, y los 1950 metros de altitud ya comienzan a hacer estragos en nuestras fuerzas.
 El cielo se cierra más y la llovizna se transforma en nieve. El collado es sólo visible a ratos, tapado por las nubes tan bajas. Hace mucho frío. El terreno es muy blando. Las ruedas parecen como deshinchadas. Las piernas no quieren tirar, y todo parece ir a cámara lenta.
El ancho de la pista es mermado por la nieve caída días antes, cada vez más estrecha conforme continuamos ascendiendo. Aún nos falta un kilómetro y medio para llegar al collado, pero el camino ha desaparecido por completo. Ahora sólo hay una montaña blanca delante de nosotros.
La suave nevada no tiene visos de parar en horas. Hoy nos ha vencido la montaña. No siempre se gana, pero lo hemos intentado hasta el final. ¡VOLVEREMOS! 

Domingo 9 de Junio de 2013
Plana Fonda y Collada de las Coronetas 
Una vez superada la Colladeta de la Plana Fonda, la visión del valle del mismo nombre, cubierto de nieve, con su lado derecho protegido por la pared rocosa de las cimas de la Sierra de Espierba, y el izquierdo por las empinadas laderas del Pico Petramula, es más que suficiente recompensa al enorme esfuerzo realizado.
Pero aún obtendremos un regalo inesperado. Por la falda izquierda de vez en cuando corren marmotas asustadas por nuestra presencia, buscando la protección de su madriguera, desde la que observan curiosas e inquietas nuestro lento avance a través de la nieve acumulada en el altiplano. Unos cientos de metros más adelante, de repente, una manada de rebecos cruza el valle en dirección a las rocas de nuestra derecha.
Las bicis cargadas a nuestra espalda, la nieve agarrándose a nuestros pies, el cansancio acumulado que se va transformando en dolor en nuestras piernas, y la incertidumbre del camino que aún queda por delante, son un feroz contrincante al que vamos derrotando batalla a batalla, paso a paso...
Al final del valle de la Plana Fonda, la única salida es la subida del Collado de las Coronetas. Este paso, tramo del Gran Recorrido GR11, de fácil tránsito estival, hoy nos parece un enemigo durísimo. Nuestras fuerzas han ido mermando desde que iniciamos la subida por la carretera de Espierba. Las primeras rampas de asfalto. La suave pero larga pendiente por la pedregosa pista hasta las Planas de Costadué. El zigzag interminable hasta el Refugio de La Estiva. Han sido duros rivales. La Plana Fonda, que en verano es un tramo de dulce paseo, ahora con nieve casi consigue derrotarnos, pero aquí estamos...
El Collado de las Coronetas acumula mucha nieve.
El cielo oscurece rápidamente por el paso de nubes muy negras. La bici sobre nuestra espalda parece multiplicar su peso en varias unidades. Cada paso por esta resbaladiza escalera de nieve pone a prueba no sólo las pocas fuerzas que nos quedan, sino también nuestro equilibrio, que amenaza con hacernos rodar abajo por la pendiente. El viento comienza a soplar con fuerza. Tenemos los pies helados. Hace ya un rato que la nieve nos hace de calcetines, y las zapatillas parecen cubitos de hielo.
Llegamos a la cima pero la visión no es muy esperanzadora. Nubes negras cubren las cimas del impresionante circo formado por las cumbres de los hermanos menores del Pico de la Robiñera (3001m.). El nevero que se extiende a nuestros pies nos oculta el fondo de la Plana Petramula, más de 200 metros por debajo, y parece como si delante de nosotros se acabase la tierra. Sigue soplando el viento con fuerza. Bajamos unos metros pisando con cuidado por la nieve hasta el borde del nevero, y ahora sí podemos ver nuestro destino. Muy abajo, casi en vertical, observamos el refugio-caseta de la Fuente de Petramula, y la pista forestal que nos ha de llevar hasta la civilización de nuevo. Pero no cantamos victoria aún. No será fácil atravesar la inmensa ladera nevada. La pendiente es muy pronunciada, y nos quedan pocas fuerzas.
Con desconfianza iniciamos la bajada. Al principio lentamente, zigzagueando y asegurando cada paso. Poco a poco nos vamos animando, comenzamos a bajar más verticalmente, y finalmente dejándonos deslizar por la pendiente de nieve, realizando "betetesky". Para nuestra sorpresa en pocos minutos nuestros pies pisaban la hierba de los prados de Petramula, atravesábamos las fuentes del Río Real, e iniciábamos un rapidísimo descenso por la pista hasta el pueblo de Chisagués.
El resto… asfalto hasta Parzán, después Bielsa, y para finalizar los 2 kilómetros de subida hasta el Caserón Baruca. Así ha sido nuestra vuelta a la Sierra de Espierba, comarca del Sobrarbe.
¡IMPRESIONANTE! 

Lunes 10 de Junio de 2013
Miradores de Ordesa 
Por fin, hoy sale el sol en el Valle de Pineta.
Cargamos las bicis en el coche para desplazarnos hasta Nerín, atravesando el impresionante Cañón de Añisclo. La estrecha carretera serpentea durante kilómetros, lentamente siguiendo el caudaloso río Bellos. Precioso y espectacular. Para llegar a Nerín dejamos la carretera que nos llevaría hasta Broto pasando por Fanlo, y ascendemos los 150 metros de desnivel en un kilómetro y medio. Corta pero intensa subida. Descargamos las bicis e iniciamos la ruta ascendiendo por la pista ancha y en perfecto estado. La subida es constante pero suave, y nos permite disfrutar de unas vistas maravillosas. Poco a poco conforme ascendemos van apareciendo las moles de los grandes picos que circundan el Valle de Vio.
En la distancia, muy por debajo de nosotros ya, vemos el núcleo rural de Fanlo, y como la carretera discurre deslizándose sinuosa subiendo por el valle. Por encima nuestro, a la izquierda, el muro de las cimas de la Sierra de las Cutas aparece completamente nevado. La pista se vislumbra entre la nieve, y nuestra esperanza es que la acumulación no sea excesiva.
Los diez primeros kilómetros de ascensión nos permiten coronar hasta la plana del Cuello Arenas. Delante de nosotros se extiende un inmenso valle, y al fondo un impresionante muro formado por las cumbres del Parque Nacional de Ordesa. Son la guardia personal del Monte Perdido y sus cumbres de nieves perpetuas resaltan deslumbrantes sobre el cielo azul.
Seguimos subiendo por la pista hacia la izquierda, en dirección a las Cutas, y el camino de repente desaparece bajo la nieve. A partir de aquí circularemos durante casi 9 kilómetros sobre el hielo virgen. Nuestras ruedas parecen cortar la montaña, realizando una poco profunda pero larguísima incisión en su blanquísima piel.
Cuando llegamos al mirador sobre el Valle de Ordesa, nos quedamos sin palabras…
El río Arazas discurre a nuestros pies pero más de 500 metros nos separan. Las formidables paredes de las Fajas de Tabacor al frente y de Pelay bajo nosotros, encierran desde hace millones de años esta maravilla del mundo que es el Valle de Ordesa.
A nuestra derecha, desde el mirador, el final del valle es el volante de la monstruosa falda del Monte Perdido, único dueño y señor de estas impresionantes tierras.
A partir de aquí vendrán bajadas de vértigo, por nieve y luego por una pista enfangada. Incluso un final de etapa durísimo por asfalto desde Broto hasta Fanlo. Pero estos retos quedarán para siempre empequeñecidos, anulados casi, ante la majestuosidad de los que hicimos horas antes…
¡HEMOS DEJADO MARCA EN EL VIENTRE DE LA MÁS HERMOSA NATURALEZA! 


Martes 11 de Junio de 2013
Tourmalet (pequeña guinda para inmenso pastel) 
Podríamos haber salido a primera hora de vuelta a nuestros hogares, a la vida normal, pero decidimos hacer una pequeña excursión al Tourmalet. Nuestro ego ciclista se verá sin duda reforzado por esta famosísima escalada ciclista, y sólo nos retrasará unas horas.
Realmente es una hermosa subida, con múltiples cascadas a ambos lados de la carretera, que hacen la etapa bastante más llevadera.
Las ruedas de una bicicleta de montaña no son muy adecuadas para el asfalto, y eso lo notamos rápidamente. El ritmo se hace pesado, y son muchos minutos sin variar la posición sobre la bici, aunque de vez en cuando nos erguimos y pedaleamos de pie para estirar la espalda y descargar la presión sobre la zona más castigada de nuestros traseros.
Poco a poco los kilómetros van cayendo, en total son 19 desde Sainte-Marie de Campan hasta el puerto, pero es una subida aburrida, si la comparamos con lo que hemos realizado en los tres días anteriores. Lo más impresionante, seguramente la visión de la mole del Pic di Midi de Bigorre, con su terrible teleférico. Las segunda sección de este transporte, desde el Taoulet (2300 m) hasta el Pic di Midi (2872 m) tiene una longitud de 2550 metros sin soportes intermedios.
Atravesamos la estación de La Mongie, y los últimos kilómetros hasta el puerto los hacemos encajados entre los muros de nieve compactada que las quitanieves han ido acumulando.
Coronamos y las vistas sí son espectaculares ahora. Fotos de recuerdo, y una bajada rapidísima que nos lleva en 15 minutos hasta el fondo del valle de nuevo.
Cargamos las bicis .....y de vuelta a casa.

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